martes, 27 de marzo de 2007

Mis gatos

Yo los amo como son. Incondicionalmente. No espero nada a cambio. Simplemente los miro y siento que los amo, que me llenan, que me lo dan todo solo con estar. Y a veces me pregunto, ¿por qué no puedo amar igual a mis semejantes? No quiero así ni a mis familiares mas allegados. Imagínate como voy a amar a un hombre. ¿Será una cuestión de lo que entregas o recibes? ¿Será cuestión de concesiones de poder? ¿Será la capacidad que tenemos los humanos de hacer daño lo que nos frena a amar incondicionalmente? Los miro a ellos y solo veo belleza y perfección. Y miro a mi alrededor y entre mis congéneres solo veo hipocresía, egoísmo y engaño. Yo también formo parte de esa malla, intento no estar en el centro por si puedo deshacer mis nudos en algunos momentos y escapar, dejar de ser otro rombo de la red, solo un extremo desatado que cuelga... Pero, ¿y todo esto para que? En realidad es mucho más difícil ser diferente, no integrarse, estás más solo. Acabas mirando alrededor a ver si ves otro cabo suelto, y si lo hay no reparas en que está suelto porque también es "raro". Dios los cría y ellos se juntan. Y si se juntan, vuelven a ser un rombito, esta vez un poco amorfo, por la irregularidad en la que estaban dispuestos cuando eran cuerdas sueltas. Y como no somos perfectos, no nos entregamos, no damos todo lo que tenemos... No amamos.

Que manera de divagar en este día tan nublado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

q bonito, un poquito triste por eso, por un lado se van formando rombitos amorfos y por otro se van deshaciendo, o sea, q la sociedad es una puta madeja amorfa llena de agujeros y cabos sueltos, agujeros y cabos...aha!

Anónimo dijo...

agujeros, cabos y rombitos...??

Anónimo dijo...

Este escrito es tan cierto como puede no serlo.. tu eres capaz de amar a alguien o a algo .. sin importar si es un gato o un hombre... solo el estado de animo te hace ver las cosas tan blancas o tan negras..

Ura dijo...

Tan blancas o tan negras, siempre me muevo como en un tablero de ajedrez. Me siento como la reina, libre de obra y pensamiento, pero según descanse en una u otra casilla, así puede ser de grácil o nefasta mi siguiente jugada. Solo si pienso mucho mucho mucho y miro el tablero desde un punto alejado consigo sentir el gris del equilibrio y moverme de un modo mas lineal, para acabar ganando la partida.